martes, 8 de noviembre de 2011

¿Qué quieren las mujeres?

Recientemente se ha publicado un interesante libro titulado "Queremos el Pan y las Rosas". Es de una teóloga feminista. ¿Cómo? ¿Teóloga y feminista? "¿La Teología feminista no sería algo así como una hamburguesa vegetal?" Me dijeron en una ocasión. A lo que yo respondí: "vaya, que yo sepa las hamburguesas vegetales existen, de hecho, yo las como y me encantan".
Tengo la impresión que la imagen casposa de una Iglesia Católica intensamente patriarcal nos está impidiendo a las feministas y a toda persona persona que busca una espiritualidad acercarnos a las propuestas y reflexiones de las teólogas feministas. Ellas vienen realizando una labor militante e intelectual que carece del reconocimiento que merece en la disciplina teológica y a  menudo, por otra parte,  resultan invisibles en el feminismo. Esto es realmente un desperdicio de capital humano e intelectual, porque ellas están luchando mucho para poder producir en unas circunstancias de verdaderamente difíciles. Y al mismo tiempo, es un desperdicio porque es algo que nos perdemos quienes podríamos beneficiarnos de la labor estas mujeres que están recuperando la huella sanadora y liberadora de la tradición judeocristiana para las mujeres y toda la humanidad.
Para quienes estén dispuestas a ir más allá de los prejuicios, traigo aquí la reseña de la una de las más importantes teólogas, Pilar de Miguel, acerca del libro de Lucía Ramón (La reseña fue publicada en el número 44 de la revista Escuela y Religión, Marzo 2011).
Además, aprovecho para enlazar una charla que la propia autora dio para presentar su libro. Merece la pena conocer a Lucía, no lo digo solo porque sea mi amiga, y definitivamente merece la pena acercarse a la fructífera y fundamentada teología feminista, que hace reflexiones sobre cuestiones tales como la justicia social, lucha contra la violencia de género, el ecofeminismo o la espiritualidad.


RAMÓN CARBONELL, LUCIA, QUEREMOS EL PAN Y LAS ROSAS. EMANCIPACIÓN DE LAS MUJERES Y CRISTIANISMO. EDICIONES HOAC, MADRID 2011.


LA AUTORA DEFIENDE QUE EL CRISTIANISMO HA CONTRIBUIDO HISTÓRICAMENTE A LA EMANCIPACIÓN DE LAS MUJERES. PERO DEBEMOS PREGUNTARNOS ¿POR QUÉ NO SE ENCUENTRA ESA CONTRIBUCIÓN EN LOS LIBROS DE HISTORIA, NI EN LOS DE RELIGIÓN O TEOLOGÍA? LA LECTURA DE ESTA OBRA DE LUCÍA RAMÓN, PROFESORA DE RELIGIÓN Y DE TEOLOGÍA, NOS
DARÁ PISTAS PARA HALLAR UNA RESPUESTA.

Hace unos años me preguntaban en una entrevista radiofónica: pero, ¿qué quieren las mujeres? Lucía Ramócontesta ampliamente a esta pregunta  en su libro, Queremos el pan y las rosas. Al saber de su existencia, me dije: he aquí una obra que necesitábamos. Pero es más, el libro tiene un subtítulo, Emancipación de las mujeres y cristianismo.
La autora es profesora en la Facultad de Teología de Valencia y en EFETA.  Su trabajo teológico gira en torno al diálogo interreligioso, el ecumenismo y las teologías feministas. También es profesora de Religión y de Filosofía en Bachillerato.
Durante mucho tiempo, teólogas y filósofas como Lucía Ramón han estado realizando una ardua labor de compromiso, de reflexión, de participación en encuentros internacionales en diversos continentes hasta lograr una obra como esta, que bien puede hacer función de libro de texto base sobre cristianismo y situación de las mujeres. Mucha de la información que pudiera encontrarse fragmentada en otros lugares, la encontramos aquí sistematizada.
Los movimientos feministas constituyen una innovación social, política y espiritual que está contribuyendo a cambiar la realidad en muchos lugares del mundo. La autora realiza una reflexión sobre la importancia de la emergencia de las mujeres como sujeto de transformación social y da a conocer una gran variedad  de las teologías feministas. Expone, además, cómo los movimientos de mujeres cristianas muestran que el factor religioso, en clave liberadora, contribuye a mejorar las condiciones de vida de la humanidad.

Este libro responde a la pregunta de qué quieren las mujeres. Analiza reivindicaciones y acciones concretas. Levanta acta de lo que, con elegante finura, dice la poetisa nicaragüense Gioconda Belli: Sabiendo que no me conformaré nunca, que en anida una mujer […] que hubiera deseado ser vientre profundo dando a luz Universos nuevos […]. Mas he de recordar que estoy aquí y seguiré anhelando, agarrando pizquitas de claridad, haciendo yo misma mi vestido de sol, de luna, el vestido verde-color del tiempo con el que he soñado vivir alguna vez en Venus.

El libro aborda la situación de las mujeres y sus proyectos de emancipación ante la feminización de la pobreza, la explotación laboral, la discriminación, la violencia y la dominación que experimentan.

El sugerente título del libro Queremos el pan y las rosas se basa en  una frase escrita en una pancarta en el marco de una tremenda huelga textil llevada a cabo por mujeres trabajadoras en la ciudad de Lawrence, Massachussets (USA), en 1912. En ella reclamaban tener una jornada inferior a doce horas, cobrar los mismos salarios que sus compañeros de fábrica, y trabajar en unas condiciones más humanas. Un grupo inició una marcha pacífica al grito de pan y rosas, mientras otras se encerraron, también pacíficamente, en una nave. El dueño de la fábrica decidió prenderle fuego y asesinarlas así. Todas murieron. El pan simboliza el sueldo y las rosas la calidad de vida en el trabajo y fuera de él. Lucía Ramón ha hecho una inteligente traslación del sentido de esta reivindicación de pan y rosas a la realidad actual de la lucha por la emancipación de las mujeres y la acción contra la violencia que siguen sufriendo.
El libro está dividido en dos partes articuladas por tres capítulos cada una de ellas. La primera se titula Violencia de género e insurgencia de las mujeres. Consta de tres capítulos: La violencia doméstica: ¿suceso o síntoma?, La violencia contra las mujeres, el cristianismo y las Iglesias, El feminismo y la insurgencia de las mujeres.


La segunda parte del libro se titula: La emancipación de las mujeres y el cristianismo y se configura también a través de tres capítulos: Existencia cristiana en clave feminista, El profetismo de las mujeres bíblicas, un mensaje para los cristianos del siglo XXI y Espiritualidad cristiana ecofeminista para otro mundo posible.


Lucía Ramón escribe en la introducción que no es un libro estrictamente teológico, o de teología feminista. Está pensado para que lo puedan leer todas las personas y especialmente las mujeres y los varones que tienen inquietudes por el trabajo por la justicia, la lucha de las mujeres por la igualdad y la acción contra la violencia de género. Es un libro que quiere penetrar en espacios no estrictamente teológicos y contribuir desde una  perspectiva cristiana y eclesial y desde los movimientos de mujeres cristianas a los debates en torno a estos temas, en los que rara vez se escuchan nuestras voces.

Tiene especial interés la reflexión de José Ignacio González Faus en el sustancioso prólogo al libro. El título suscita en este importante tlogo la referencia a las rosas y a las risas, pues ambas resuenan gratuidad. La pelea por el pan de tantaesforzadas mujeres nos ha enseñado que no se puede vivir sin utopía (aunque algunas prefieren hablar de pragmatopía).  Pero, ¿es posible vivir sin una pizca de sabiduría, de dulzura, sin algo de ternura? Recordemos la Sabiduría  bíblica: Dame la sabiduría que está sentada junto a tiDesde mi punto de vista, Lucía Ramón se sitúa en la huella de esa tradición judeocristiana de mujeres que no pueden sustraerse a la bendición- maldición original que lleva a un ompromiso de cuidado con la humanidad. En este sentido, Rachel F. Brenner se refiere a mujeres como Edith Stein, Simone Weil, Ana Frank o Etty Hillesum: aunque como judías estaban condenadas al aislamiento, al sufrimiento y la muerte, siguieron considerándose a mismas como mujeres con una serie de obligaciones para con el mundo.

Este compromiso por el cuidado de la humanidad está muy presente desde el inicio del libro, pues ya en el capítulo 1 se analiza la violencia de género como síntoma de una cultura patriarcal que ha de ser transformada para hacer este mundo más
humano y más justo. Y esta perspectiva inspira el capítulo 3 sobre ecofeminismo y cristianismo y, especialmente, el capítulo final en el que la autora propone una sugerente espiritualidad para los cristianos y cristianas de hoy.
Creo de especial interés detenerme en este capítulo sobre una espiritualidad cristiana ecofeminista para otro mundo posible por lo mucho que propone y aporta. Lucía Ramón abre vías y caminos creativos, motivadores y nuevos de espiritualidad, inspirándose en la honda tradición cristiana. Ella basa esta espiritualidad cristiana para el siglo XXI en tres ejes: profecía, sabidua y compromiso. Es muy interesante la relación que establece entre  espiritualidad y creación de vida abundante. Nos invita a ser co- creadores con Dios en un mundo amenazado por la des-creación. Para este compromiso de restauración ecológica de nuestro mundo, la autora afirma que necesitamos una ecosofía, una sabidua espiritual.

Tienen mucha actualidad las páginas dedicadas a una espiritualidad de la compasión creativa y de la lucha contra la injusticia. Me parece especialmente relevante el vínculo que establece entre la necesidad de dotarnos de un proyecto de vida feliz y el cultivo y desarrollo de la espiritualidad cristiana ecofeminista. Lucía Ramón nos invita a descubrirnos anfitrionas y huéspedes del banquete de la vida.
Animo a saborear el alimento que esta obra proporciona. Considero que este libro es muy útil para profesores y profesoras, porque ofrece claves para la educación de la espiritualidad y para formar en unas nuevas relaciones entre varones y mujeres que se deben aprender desde la infancia y la adolescencia. El ecofeminismo y sus relaciones con el cristianismo constituye un reto para la tarea educativa.



"Queremos el Pan y las Rosas" :: Lucía Ramón Carbonell from Casariche Cursos on Vimeo.

lunes, 22 de agosto de 2011

Transgredir y divertir

Es difícil describir en abstracto las numerosas normas escritas y no escritas que nos rodean todos los días, hasta en las cuestiones más banales. Sin embargo, cuando un grupo de gente entra corriendo en un supermercado disfrazados de Packman y sus fantasmas, escenificando el videojuego de los 80, nuestra sorpresa, disgusto o carcajada son señal de que en ese acto se han trasgredido numerosas convenciones.
El ya archiconocido Banksy nos deleita en su último documental "The Antics Roadshow" (2011) con varias historias de transgresiones e insubordinaciones a la autoridad. Puede que su visionado esté abierto sólo durante un tiempo limitado, así que os animo a que lo veáis cuanto antes. Desde lanzamiento de tartas a personajes de la política y los negocios, hasta gamberradas callejeras irreverentes e imaginativas, pasando por acciones de gran calado político.
El punto más fuerte que reconozco a Banksy en este documental es haber reflejado prácticas transgresoras que se han desarrollado más o menos sistemáticamente en décadas pasadas. Y creo que eso le honra porque empiezo a cansarme de la gente que se aparece en escena como si hubiese inventado la pólvora, obviando y no reconociéndo a quienes les han precedido en el tiempo. Banksy puede que sea considerado hoy en día como el rey de la creatividad, la irreverencia y la cultura urbana, pero no es el único, sólo es quizás en más conocido, y mucho menos es el primero.
Otra de las cuestiones a destacar es la diferencia que aprecio entre acciones de gran calado e intención política, y otras más de tipo expresivo. Algunas de estas últimas rozan lo que en mi pueblo siempre se han considerado simple y llanamente "gamberradas", pero reconozco que últimamente siento cierto interés por el significado y consecuencias de estas acciones por todo lo que nos hablan de nuestro mundo de normas, de lo que nos hace sentir cierta seguridad, o a lo que nos asimos compulsivamente. De hecho, un de los momentos más hilarantes para mí ha sido aquel barrio inglés donde a un vecino se le ha ocurrido incrustar una figura de un tiburón en el tejado de su casa, como si este hubiese aterrizado contra el edificio. Ante ello, uno de los convecinos reaccionaba diciendo algo así como "¿A dónde podríamos llegar?". Por una pequeña rendija del sistema se podrían colar muchas cosas que lo cuestionan. Y si es así ¿qué hay más allá? ¿caos? ¿anarquía?.
El autor del documental parte de los disturbios de la semana pasada en Inglaterra y se posiciona críticamente. Con la ironía que le caracteriza dice una voz en off en los primeros minutos de la cinta:
In the good all days, a week or two ago, people just didn´t take to the streets to take stuff, they took to the streets to give something back...These are the stories of people who have taken on the authorities and brought chaos to the streets, but in a good way
(Yo traduciría como: en los viejos y buenos tiempos, hace una semana o dos, la gente tomaba las calles no para llevarse cosas sino para devolver algo...Estas son las historias de gente que se ha enfrentado a la autoridad y han llevado el caos a las calles, pero de buenas maneras)
Sin entrar ahora en el debate de si es comprensible la reacción violenta de cierta gente joven en las calles de Inglaterra y de si se debería hacer una reflexión social sobre las causas de estos comportamientos, lo cual apoyo y quizás desarrolle en otro momento, sí creo que es interesante que Banksy haga una crítica a estos acontecimientos. Primero, porque creo que es una persona que puede ser referencia para muchas de quienes estaban en las calles destrozando escaparates y llevándose cosas. Si Banksy dice "esta no es la manera", puede que mucha gente joven se plantee que hay que buscar otras formas. Y segundo, porque es él mismo quien propone otra manera de rebelarse ante el sistema y es precisamente el en documental donde aparecen formas creativas, divertidas y pacíficas. Él puede ser una referencia para quienes con toda la razón disienten, tienen un cabreo impresionante, y quieren decir "basta ya", pero sólo se les ha ocurrido recurrir al destrozo. Por tanto, este documental viene en un inmejorable momento de debate acerca del inconformismo y las desigualdades, y la manera de enfrentar todo ello.
Que lo disfruteis (sólo disponible en inglés).

domingo, 15 de mayo de 2011

Un gemido en la oficina

Hay situaciones en la vida que por fortuna te descolocan, se salen de la rutina y a menudo invitan a pensar. Algo así me ocurrió el otro día en la oficina. Mientras dejaba vagar mis pensamientos y me relajaba, oír un gemido callado, un sollozo. Supe inmediatamente de dónde venía porque el espacio de trabajo es uno de estos open space que no da mucho lugar a la intimidad. Me puse de pie dispuesta a acercarme a ver qué pasaba, pero me paré a pensar qué podría ser lo que ocurría y qué me gustaría a mi si era yo quien se echaba a llorar. Siendo un espacio que no da lugar a mucha privacidad, a mi no me hubiese gustado que toda la gente se arremolinara alrededor mío, así que desistí de mi espontánea idea de acercarme. Sin embargo, tampoco podía continuar trabajando como si nada ocurriese -mi todavía activo sentido de la solidaridad humana me lo impedía, así que me quedé vagando por la oficina dubitativa, en una actitud algo ridícula. Otra compañera fue la que se acercó sin dudar y después volvió a contarnos qué pasaba. Yo esperaba algún relato relacionado con el trabajo de investigación -la presión suele ser muy grande, sobre todo a estas alturas del curso, o quizás algún desengaño amoroso. Pero no, se trataba de algo mucho más trascendental. La guerra.
La mujer que lloraba es libia y estaba viendo un vídeo donde aparecían niños y niñas masacradas. Lloraba de impotencia. Quería ir para allá para hacer algo pues no podía soportar mirar el desastre impasible, pero si entraba en Libia, era muy probable que no la dejasen volver a Europa. Estaba destrozada. No podía dejar de mirar una y otra vez a la pantalla. No podía concentrarse en su trabajo y parecía estar cerca de la depresión. El dolor de la guerra la estaba embargando. No temía por su familia porque su gente vive en una zona que no está en enfrentamiento bélico, pero sí sufría por su pueblo y los desastres que podía ver por vídeos que circulan por la red.
Y allí mismo, a cientos de kilómetros del escenario de la tragedia, Libia se hacía presente para mí en el sollozo de esa mujer. Y pensé en cuántas noticias había dejado pasar cada día, incapaz de gestionar racional y emocionalmente tanta información. Y pensé en lo fácil que es aislarse de la vorágine informativa, de las tragedias del mundo en medio de las preocupaciones diarias. De qué manera una puede perder la perspectiva de las cuestiones que afectan a miles de personas, encapsulada en las tareas de cada día. Pero el mundo es cada vez más pequeño, muy pequeño. Una se encuentra testimonios vivos todos los días, a sólo unos pasos.
Lo único que se me ocurre hacer a este respecto es reflexionar y compartir algunas de las cuestiones que me andaba rumiando, con la intención de no permanecer impasible, y que quienes padecen injusticias no puedan decir que al resto no nos importaba.

Una vez más, en Libia y en cualquier lugar: NO A LA GUERRA